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El mastín, una raza autóctona de perro de gran alzada y corpulencia, ha sido tradicionalmente el encargado de ahuyentar a los ladrones y a los lobos de los rebaños domésticos. En el pasado, cuando el fenómeno de la trashumancia se encontraba en todo su apogeo, los mastines, en igual número que los pastores, acompañaban al ganado trashumante a través de las cañadas, los cordeles, las veredas y las coladas que comunicaban los pastos de verano, situados en las zonas más norteñas de la península ibérica, con los invernaderos o extremos (de donde procede la voz extremar, que significa dirigirse a Extremadura), situados en áreas más meridionales.

La importancia que tuvieron los mastines para la ganadería quedó reflejada en las Ordenanzas de Villaba, fechadas en el año 1549, que obligaban a los pastores a tener "continuamente dos perros mastines de sobre año y si no los tuviere y lobos mordiere o matare alguna res que pague la res muerta o el daño de la mordedura". Ante la extraordinaria abundancia de lobos registrada en Extramadura a finales del s. XVIII, los ganaderos tuvieron que aumentar el número de pastores y de mastines dedicados a la indispensable custodia del ganado. Todas las precauciones eran pocas con tal de evitar las temidas lobadas, la peor pesadilla de los ganaderos, conocedores de antemano que al número de reses muertas durante el ataque habría que sumarle las extraviadas, las heridas, que en muchos casos también morían, y las crías perdidas por causa de abortos. La magnitud de algunas lobadas y su repercusión económica ante la población rural motivaron que estos sucesos aparecieran publicados con regularidad en la prensa. El diario regional "Hoy", con fecha 25 de marzo de 1972, informaba de que "en Villanueva del Fresno (Badajoz), una manada de lobos dio muerte en cuarenta y ocho horas, a siete terneros, de un peso medio de 100 kilos cada uno, e hirió gravemente a dos vacas. De los terneros solamente quedaron las patas y algo de la cabeza, pues incluso se comieron la piel de estos animales".

Los pastores solían bautizar a los mastines con nombres épicos y les cortaban las puntas de las orejas y el rabo cuando eran unos cachorros -hay quien afirma que les hacían comer sus propias orejas para hacerlos más fieros-.

De las frecuentes disputas entre mastines y lobos, nada mejor que los testimonios ofrecidos por los viejos pastores: "Un lobo atrapó a una cabra en la finca El Carbajito, en Higuera la Real (Badajoz), y cuando huía con ella fue sorprendido por el mastín de la majada, que lo persiguió hasta alcanzarlo. En aquel momento, el lobo soltó la res, que aún estaba viva, para enfrentarse al perro. La cabra, después del susto, busco de inmediato refugio junto al mastín y durante todo el tiempo que duró la refriega no se separó de su lado. Al final, el lobo huyó y la cabra se salvó gracias a la intervención del perro".

Una hembra de mastín llamada la Leona, consiguió acabar con las andanzas del Lobo Negro. Una inscripción bajo la estatua dedicada al famoso lobo, situada en una sierra de Fuente del Arco (Badajoz), nos relata lo allí sucedido: "En recuerdo al Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, que recorrió en los años 50-60 estas sendas de Sierra Morena estudiando al lobo español. En esa fecha, aquí una lobada se celebró (1952-53) salvándose de la cacería el gran Lobo Negro, que asoló estos campos durante años. Herido en La Riverilla por la Leona y deshecha su manada, huyó varios años después a Hornachuelos (Córdoba)".

Con la intención de proteger la garganta del mastín de la mortal dentellada del lobo, los pastores les colocan unos collares provistos de pinchos que reciben el nombre de carlancas o carrancas. De estos collares existían diferentes modelos, tanto de cuero como de hierro, fabricados de forma artesanal por los guarnicioneros y los herreros de cada localidad. Las carlancas de cuero cuentan con varios pinchos de hierro y numerosas puntas, mientras que las carlancas de hierro pueden ser de forma circular, de eslabones engarzados, de placas semicirculares o de placas cuadradas. Las carlancas de hierro, mucho más pesadas que las confeccionadas a base de cuero, solo podían soportarlas los perros de mayor tamaño. Aprovechando que el mastín suele comenzar la pelea con el lobo propinándole una pechada, algunos perros iban provistos de una pechera o pecho petral, también conocida como carlanca de lanceta, armada con un puñal o varios pinchos de hierro.http://paulaturegano.blogspot.es/img/mastin3.jpg http://paulaturegano.blogspot.es/img/mastin1.jpg http://paulaturegano.blogspot.es/img/mastin2.jpg

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